Según
la tradición hebrea, el 10 DE TÉVET se ayuna desde
el amanecer hasta la caída del sol. El motivo
de esto es que un 10 de Tévet comenzó el SITIO
DE JERUSALÉN, quedando así ese día en la historia
como el del principio del final. Jerusalén, ciudad
amurallada, resistió el sitio, con todo lo que
eso significa, DURANTE SEIS MESES.