El
9 de AB, llamado en hebreo TISHA BEAB, quedó en
la memoria histórica del pueblo judío como una
fecha nefasta. En tiempos antiguos, más precisamente
en el año 586 AEC, los BABILÓNICOS DESTRUYERON
EL PRIMER TEMPLO DE JERUSALÉN, construido por
el REY SALOMÓN. El Templo (BEIT HAMIKDASH) era
el centro de la VIDA ESPIRITUAL JUDÍA, el lugar
al que cada judío soñaba llegar. Se PEREGRINABA
en los SHALOSH REGALIM, las tres fiestas que la
Torá indica para esto (PESAJ, SHAVUOT Y SUCOT).
El Templo también era el centro RELIGIOSO del
ritual que estaba en manos de los sacerdotes (KOHANIM),
como lugar que Dios había elegido para que fuera
erigido este imponente santuario. Este día fue
establecido COMO DÍA DE DUELO NACIONAL y AYUNO,
ya que tanto el primer templo como el segundo
fueron destruidos un 9 de AB. El primero, a manos
de NABUCODONOSOR, EMPERADOR DE BABILONIA, según
relatos bíblicos. Y el segundo, por obra DEL EMPERADOR
ROMANO TITO, en el 70 DE LA ERA COMÚN. Durante
siglos estos santuarios fueron el símbolo de la
SOBERANÍA JUDÍA. Su destrucción a manos de los
romanos marcó para los judíos un período de casi
DOS MIL AÑOS DE DISPERSIÓN Y LAMENTO. El pueblo
hebreo guardó en su memoria colectiva este dolor,
que sigue manifestándose a través de duelo y ayuno
en los días correspondientes a los hechos que
determinaron la caída de Jerusalén en manos enemigas.
Muchas otras calamidades históricas que le ocurrieron
al pueblo judío en su larga historia ocurrieron
el 9 de AB. Los últimos días para abandonar la
España inquisitorial, en 1492, coinciden con esta
fecha nefasta. El atentado a la AMIA, en Buenos
Aires, el 18 de Julio de 1994, fue el 10 de AB
en el calendario hebreo, coincidiendo otra vez
con días de muerte y destrucción. Hasta los días
de la SHOÁ, el holocausto, donde fueron masacrados
seis millones de judíos, el 9 de AB era el día
más triste de la historia judía.