A propósito del cambio de gobierno
en Israel
Volver Atrás Para Poder Avanzar Hacia
la Paz
Werner Kroll
De la Redacción de Comunidades
El título de este comentario parece contradictorio.
La pregunta que se
ofrece sería: ¿cómo es
posible avanzar en ése -como en cualquier
otro- tema
conflictivo a participar de un retroceso? Para
el caso de Israel y el raído
proceso de paz con los palestinos, la contestación
tiene varios aspectos que
van desde lo formal hasta el derecho internacional
y los complicados tópicos
de las políticas internas israelí
y judía.
Trataré de desglosar esa temática:
Israel tiene, en primer término, que
asumir que con Ariel Sharón como primer
ministro, electo por abrumadora
mayoría, su sistema institucional y su
esquema político llegaron a su fin.
Esto no significa cambiar la democracia por
alguna forma autocrática, sino
-por el contrario- fortalecer la democracia,
sacándola de su actual inercia
y modernizándola.
Sharón en el gobierno no debe significar
³más de lo mismo² sino un cambio
cualitativo frente a propios y al mundo. Esto
significa crear las
posibilidades de un gobierno estable respaldado
por una mayoría estable.
Todo esto urge, ya que actualmente -por más
que se lo presenta como ³de
unidad nacional²- carece de estos atributos.
Lo que se impone son dos factores: el primero
es llamar a elecciones
anticipadas para permitir adecuar la composición
de la Knéset a la nueva
realidad. Para que esto se dé hay que
aumentar el mínimo de votos requeridos
para mandatos a por lo menos el 5%. Esto terminará
con la existencia de 17
partidos en el Parlamento de un país
de cinco millones de habitantes y la
vuelta al sistema anterior de elección
del primer ministro por la Knéset.
Esto podrá realizarse -como máximo-
en dos meses, y con ello se presentará
al mundo un gobierno fuerte y convincente en
su política, llámese ese
gobierno ³de unidad² o como se quiera.
Lo que pudo formar Sharón ahora es,
cuanto mucho, algo así como un ³matrimonio
por conveniencia² con
contrayentes antagónicos a más
no poder, como ya quedó palpable al comienzo,
cuando Shas ya chantajeó ventajas ajenas
a los aspectos políticos de la
coalición y al frenar Avodá mediante
el canciller Peres medidas de seguridad
dispuestas por Sharón.
Desconocemos, al menos en detalle, los términos
en los que se acordó formar
la coalición de Sharón. Pero dadas
las conocidas diferencias ideológicas
entre Sharón y Peres es de suponer que
el acuerdo versa en torno al menor
denominador común. Lo que a la larga
difícilmente podrá resultar en
una
política efectiva. Tarde o temprano los
ciudadanos israelíes tendrán que
hacer frente a una definición del camino
nacional a seguir.
Con abstracción de las posturas ideológicas,
es dable esperar que Sharón
tenga en esa coyuntura las mejores cartas. Siempre
y cuando sepa aprovechar
las oportunidades que le brinda su contundente
victoria del 6 de febrero, el
nuevo primer ministro puede arriesgarse a una
crisis de coalición. Puede
apreciar que la mayoría de los israelíes
quieren el cambio en el llamado
proceso de paz, aun a costa de más tensiones
y/o enfrentamientos con los
palestinos. De otra manera hubieran confirmado
a Barak y su política.
Intuyo que lo que busca por de pronto Sharón
es precisamente escalar los
enfrentamientos con los árabes, para
auscultar hasta dónde puede ir y cuándo
eventualmente deberá moderarse. Hasta
ahora ningún gobierno israelí
intento
tal procedimiento, inabdicable para poder concebir
una línea política capaz
de tener éxito en semejante situación.
Hasta ahora los gobiernos israelíes
se limitaron a declarar su voluntad de paz,
sin señalarles a los palestinos
claros límites. De modo que esa -si bien
honorable- política tuvo los efecos
contrarios a los deseados, animando a Arafat
y sus secuaces a aumentar cada
vez más su postura.
Intuyo también que a diferencia de sus
antecesores aprecia o entiende que
-sea como fuere- el proceso de paz, en los términos
de Oslo, está al menos
agotado cuando no muerto. En Oslo se convino
básicamente negociar e
implícitamente que las partes prescindan
de la violencia. Los palestinos no
respetaron esos presupuestos, lo que invalida
el acuerdo original. Más aún
por cuanto el valor en el derecho internacional
de los documentos de Oslo es
por lo menos relativo, ya que no fueron celebrados
entre iguales sino entre
un Estado y una organización considerada
hasta entonces simplemente como
terrorista.
Si Sharón se las arregla para seguir
a la vez una línea dura en materia
militar y de seguridad así como una política
agresiva en materia
internacional, Israel tendrá buenas posibilidades
de replantear todo el
proceso de paz en los términos de Oslo.
Es imprescindible para ello que
Israel deje atrás su hasta ahora tan
loable como realmente fatal táctica
elegante en materia de esclarecimiento a nivel
internacional. El gobierno
debe a la vez agredir y/o desenmascarar las
falacias de la financieramente
bien aceitada propaganda árabe y presentar
sin tapujos una clara posición de
lo que entiende y puede conceder como proceso
de pazS Israel tiene
argumentos válidos de sobra para ello.
Debe sencillamente usarlos de una
vez.
Se suele describir tales procedimientos como
³fuga hacia adelante². Y es
esto lo que debe hacer Israel. Tiene que hacerle
entender a Arafat y sus
seguidores, e inclusive al común de los
palestinos, que Arafat cayó en su
propia trampa: no tomó lo que las fuerzas
políticas llamadas ³moderadas²
israelíes le ofrecieron, de modo que
es el mismo Arafat quien se va a tener
que arreglar con autoridades judías menos
conciliadoras, o si se quiere,
duras. Pero falta algo más: hay que movilizar
al judaísmo diaspórico en
torno al esclarecimiento. Existe consenso en
el judaísmo mundial de la
importancia que Medinat Israel tiene no sólo
para los judíos que allí viven
sino también para todos nosotros. Esto
nos compromete para que defendamos en
la vida diaria a Israel. Es mucho lo que podemos
hacer al respecto.
¡Hagámoslo!
Nueve Años de Vergüenza
Prof. Natalio F. Steiner
Co-Director de Comunidades
El próximo 17 de marzo (en el calendario
hebreo coincidió con Purim) se
cumplirán nueve años del sanguinario
atentado contra la embajada de Israel
en la Argentina sin que aún puedan conocerse
los móviles ni la identidad de
los autores materiales. Un grueso manto de impunidad,
alimentado por el
olvido y la indiferencia, envuelve el hecho que
segó la vida de veintidós
inocentes e hirió a más de doscientas
cincuenta personas constituyendo el
primer capítulo de una tragedia cuyo segundo
capítulo envolvió a la
AMIA-DAIA y sin tener certezas acerca de si habrá
o no otro tercer acto
macabro.
Las investigaciones realizadas luego del ataque
a la embajada no arrojaron
casi ningún resultado positivo gracias
a una mezcla fatídica de negligencia
investigativa, impericia, complicidad, prejuicio
antisemita, complot desde
el estado y falta de voluntad política
y jurídica para resolverlo. Sería
poco menos que un milagro que se descubran los
autores materiales del hecho
aunque los ideológicos, Jihad Islámica,
fueron denunciados por la morosa y
esponjosa Suprema Corte de Justicia en 1999, la
misma Corte que en cinco
años paralizó y obstaculizó
todo lo posible cualquier avance.
Los dos atentados terroristas no dejaron sólo
el tendal de víctimas sino que
lesionaron la credibilidad argentina en el exterior
porque desnudaron tanto
las falencias en las tareas de inteligencia como
la precariedad de las
investigaciones posteriores. La colocación
de los explosivos y el ataque en
sí no fueron obra de un demente o un hecho
aislado y la diplomacia argentina
fracasó en explicar su ineptitud. En puertas
de un nuevo aniversario
seguramente volveremos a escuchar las declaraciones
bien intencionadas y de
compromiso acerca del hecho por parte de los políticos
-esta vez de la
Alianza- y que sonarán como una excusa
o piadosa condolencia mientras el
gobierno argentino cuenta con los dedos cuánto
trigo más podrá venderle a
Irán. En este sentido, y quizás
en muchos otros, aliancistas y
justicialistas (con la perversa variable del menemismo)
parecen lo mismo. No
comprenden que estos seres mesiánicos que
ponen bombas en la embajada o la
AMIA deben ser erradicados de la sociedad argentina
al igual que cierto
establishment de seguridad que los cobija y ampara
aun en democracia. En
verdaderos países del Primer Mundo en los
que se hace frente al terror en
forma continua, como Israel, España o los
Estados Unidos, los grupos
antiterroristas de las respectivas policías
están mejor equipados, pagados y
motivados que los nuestros y trabajan con recursos
e instrumentos
sofisticados. En nuestro país no sólo
los casos de la embajada y la AMIA son
emblemáticos de la dejadez y la politiquería
ya que se acompañan de
profanaciones a cementerios o el ataque a la mezquita
de Floresta a plena
luz del día. Esto es así porque
la Argentina tiene una democracia imperfecta
que se inhibe ante los resortes del poder subterráneo
que emana de algunos
engendros de la dictadura militar. ¿Es
justo que en un país cuya
Constitución consagra a sus habitantes
en el respeto a los cultos e ideas
sin restricción alguna parte de quienes
integran la sociedad deban vivir
rodeados de muros para impedir una nueva masacre?
Que el noveno aniversario del ataque contra la
embajada sirva para prevenir
futuras desgracias que por ahora no tienen contención
y son incompatibles
con un país que nació bajo el signo
de la tolerancia y la libertad.
Las
Miserias del Atentado
Dr. Alberto J. Rotenberg
Co-Director de Comunidades
Se recuerda el 17 de marzo un nuevo aniversario
del atentado a la Embajada
de Israel en Buenos Aires, un hecho que ha golpeado
profundamente a la
comunidad judía y la sociedad argentina,
y cuyas consecuencias aún hoy,
luego de nueve años, se han arraigado hasta
convertirse en modos de vida
fatalmente aceptados.
En primer término el atentado dejó
en claro la vulnerabilidad de la
Argentina como blanco de ataques de esta magnitud,
a tal punto que luego se
produjo el de la AMIA, y ojalá que nunca
más suceda nada igual. Por muchas
razones, la negativa a la eventualidad de un nuevo
atentado se apoya más que
nada en el deseo de cada uno y no en factores
que otorguen tranquilidad a la
población.
Se han detectado fallas en los movimientos de
entrada y salida de personas
del país. Se ha encontrado una zona altamente
peligrosa en la ³triple
frontera² al norte de la Argentina, y recién
después de varios años los
países involucrados han manifestado su
intento de cooperar en la detección y
vigilancia de actividades sospechosas en aquella
región.
Por otra parte, aun cuando se sostiene habitualmente
que estos atentados son
difíciles de prever y casi imposibles de
abortar, la actividad de los
servicios de inteligencia y particularmente de
las fuerzas de seguridad ha
resultado por demás criticable. Y es precisamente
en el caso de la Policía
donde la cuestión se torna más espinosa.
Las investigaciones fueron dejando al descubierto
una serie de actos
delictivos conexos y paralelos a la causa principal
que, aun cuando sea
comentario corriente en la opinión pública
acerca de la existencia de la
participación de las fuerzas del orden
en forma directa o mirando hacia otro
lado frente a la comisión de muchos delitos,
parece ser evidente que, por
alguna razón, debe ser preferible no investigarlos
y desterrarlos. Y éste es
un aspecto fundamental en la posibilidad del esclarecimiento
de los hechos,
sobre todo cuando se mantienen las dudas acerca
de la ausencia de policías
en la custodia de los edificios cuando se produjeron
las explosiones.
La actividad judicial -o la falta de ella- también
se mantiene como objeto
de duras críticas y profunda preocupación.
Precisamente desde la notoria
inactividad, o la elaboración de confusas
hipótesis como las de la
implosión, provenientes de la máxima
autoridad que asumió el impulso de la
causa -es decir, la Corte Suprema-, hasta la negativa
de su presidente en su
momento a asumir la responsabilidad de la instrucción
del expediente, la
sociedad permanece con el interrogante de por
qué el máximo órgano judicial
ha actuado así en esta materia. Y esto
es tan importante que se lo ha
señalado como antecedente para el segundo
atentado: si no se investigó nada
con el primeroS
La postura israelí ha sido también
objeto de análisis. Como nunca la
representación diplomática desarrolló
sus relaciones comerciales entre ambos
países, sin perjuicio que el ex embajador
repetidamente pronunciaba críticas
frente a los medios sobre la marcha de las investigaciones
y sus
responsables. Y en este aspecto, supo ocupar el
lugar que muchos dirigentes
comunitarios dejaron vacante.
Precisamente nuestra dirigencia también
fue duramente cuestionada a partir
de estos luctuosos hechos. Incluso en actos públicos
donde se congregó la
comunidad altos dirigentes fueron abucheados.
Se creó un movimiento como
Memoria Activa que enarboló la bandera
de la lucha para que los atentados no
queden impunes, y -a través de sus encuentros-
los oradores tampoco
ahorraron críticas a la conducción
comunitaria y a las autoridades
nacionales. Claro que la dirigencia, manteniendo
un cuestionado perfil bajo,
por otra parte, hizo lo suyo: como nunca antes
prominentes figuras quedaron
involucradas en actividades que terminaron afectando
las finanzas
comunitarias. Sin embargo, nunca se escucharon
sinceras autocríticas de la
dirigencia por sus responsabilidades en la adopción
de mecanismos de
prevención de los atentados -sobre todo
el de la AMIA- ni en su rol como
representantes de la comunidad en la exigencia
-no sólo retórica- del
esclarecimiento de los hechos, y menos aún
de la crítica situación en que
funcionan nuestras instituciones. En cambio, la
dirigencia intentaría
³congraciarse² con el periodismo comunitario,
sea entregando importantes
sumas de dinero a medios, contratando a sus miembros
o pagando notas, para
que la prensa comunitaria, en lugar de convertirse
en un instrumento para
informar mejor a la opinión pública
y contribuir al sano y honesto
funcionamiento de las instituciones, se abstenga
de cumplir con su rol
silenciando las críticas o pretendiendo
que los medios se conviertan en
voceros sólo de aquellas noticias que a
los dirigentes les interesa
comunicar. Es muy importante que la AMIA apoye
la prensa comunitaria y
difunda sus actividades a través de ella,
pero otra muy distinta es que los
medios puedan ver lesionados su independencia
y compromiso ético hacia los
lectores.
Pero una de las consecuencias más graves
de todo lo antedicho es que los
judíos argentinos nos hemos acostumbrado
a vivir en guetos, acudiendo a
instituciones cuya estética denota la presencia
de una entidad comunitaria a
través de las inconfundibles estructuras
de cemento en sus frentes, a los
sucesivos controles y medidas de seguridad para
ingresar, o que en más de un
caso antes del inicio de una jornada escolar deban
ser revisadas las aulas
para descartar la existencia de cualquier bulto
extraño. Todas ellas medidas
que se han tornado imprescindibles atento la falta
de esclarecimiento de los
atentados, pero que claramente señalan
frente a todo el resto de la sociedad
que ³aquí hay judíos²,
conformándose una curiosa y fastidiosa
forma de
inevitable discriminación.
El dolor por tanta muerte absurda es ineludible,
pero aún queda un largo,
muy largo camino por recorrer para que ese dolor
no quede impune.
Aquí
No Ha Pasado Nada
Jorge Salvador Cohen (*)
Especial para Comunidades
La noticia es que no hay noticias. Esa es, probablemente,
la novedad más
saliente a nueve años de la voladura de
la Embajada, aquel 17 de marzo, a
las tres menos cuarto de una tarde calurosa en
Buenos Aires. Es que la
sensación que tiene quien suscribe es que
pocos días después de esa tarde
el
tiempo de las preguntas se detuvo y no sucedió
nada digno de mención
vinculado con la investigación de la tragedia.
Para darle sostén a esta
hipótesis puede citarse a un integrante
de la primera línea de los
investigadores, que confesaría por aquellos
tiempos ante quien esto escribe
que la causa judicial estaba poco menos que inmóvil
y que, de seguir así,
terminaría cerrada o, lo que es lo mismo,
olvidada en algún cajón. La
predicción se cumplió, sin que hubiera,
por la parte directamente
damnificada, presentaciones ante la justicia para
que la causa se
reactivara. Es que nada serio ha sucedido vinculado
con la búsqueda de los
asesinos fuera de las declaraciones públicas
y los discursos de funcionarios
y diplomáticos, a los que bien puede atribuirse
una cierta teatralidad y,
por qué no, una vanidosa obsesión
por tener una presencia en los medios de
comunicación.
Durante la década pasada, poco antes de
cada 17 marzo, solía difundirse en
la prensa alguna información con visos
sensacionales y supuestas claves para
resolver el caso, una especie de pompa mediática
que se evaporaba al poco
tiempo. ¿Pueden calificarse como avances
en la investigación o se trató,
simplemente, de operaciones políticas?
Es pertinente citar, acaso como una excepción
al mutismo de las fuentes de
información judiciales, el que en su momento
fue anunciado ante las cámaras
de televisión como el primer (y único,
a menos que se informe lo contrario)
peritaje realizado por los investigadores oficiales
en la esquina de Arroyo
y Suipacha, en la que sucedió la tragedia.
Esa pericia fue ordenada y
realizada cinco años después de
la explosión, sobre un predio ya desierto,
sobre un páramo de yuyos y cemento. ¿Estarían
tan ocupados en otras
pericias de semejante envergadura los representantes
supremos de la justicia
para que postergaran cinco años una pericia
en el centro mismo de los
acontecimientos del que fue (hasta 1994) el mayor
atentado de la historia de
nuestro país? ¿También estaban
ocupados quienes debían reclamar por esa
demostración, más que suficiente,
de desidia?
Nueve años después, en el momento
mismo en que se cumpla el aniversario,
habrá actos y conmemoraciones. Pero, ¿adonde
estarán quienes provocaron la
tragedia? ¿Alguien lo sabrá? La
justicia, por su parte, no parece
interesarse por ellos. Sin embargo, cabe suponer
que el recuerdo público no
afectará la sensibilidad de quienes -diplomáticos,
jueces o funcionarios-
debieron trabajar por el esclarecimiento y, a
la luz de los resultados, no
lo hicieron. Es de imaginar a alguno de ellos
frente al televisor de su casa
que, sorprendido por la transmisión de
imágenes recordatorias de ese 17 de
marzo, se sentirá aburrido y le ordenará
a la empleada que cambie de canal y
busque algo menos molesto.
A veces quien esto escribe se pregunta para qué
más sirve el recuerdo
público de la tragedia. Por lo que se ha
relatado, sólo para mantener
prendida la llama del recuerdo. Lo que no es poco.
(*) El autor de esta nota era jefe de prensa de
la embajada al estallar la
misma. Su secretaria, Marcela Droblas, murió
en el atentado.
A
Nueve Años de la Voladura de la Embajada
Los Hechos
17-02-92: A las 14.45 la delegación diplomática
israelí estalla en pedazos.
La embajada, un geriátrico y un convento
resultaron con serios daños. Se
habla de 19 muertos. Con los años se confirmarían
22.
19-02-92: Marcha de 100.000 personas desde el
Obelisco hasta Arroyo. Menem
promete investigar ³hasta las últimas
consecuencias².
21-02-92: Jizbalá, en un comunicado, se
adjudica el atentado. Sería
consecuencia del ataque israelí contra
su líder, Abás Musawi.
20-05-92: Comienzan las discusiones, que seguirán
por años, acerca del lugar
donde explotó la bomba. La investigación
se traba y entra en vía muerta.
2-02-93: El secretario instructor, Alfredo Bisordi,
de inocultable pasado
antisemita, dice que se avanza bastante en la
investigación. Sin embargo,
comienza a ser sospechado de ser uno de los que
la detiene.
3-11-95: El juez Ricardo Levene (h) se excusa
de seguir interviniendo en la
pesquisa. Una semana antes el embajador Avirán
lo visita y al salir dice
ante la prensa: ³No se ha hecho nada y no
se ha avanzado nada².
19-12-95: La Corte comienza a insinuar el cierre
de la causa. En 44 meses no
hay un detenido ni un sospechoso ni se investiga
a fondo el coche-bomba Ford
F100. Hay contradicciones flagrantes en el testimonio
de los policías que no
estuvieron vigilando el frente de la embajada.
20-04-96: La Corte Suprema convoca a la Academia
Nacional de Ingeniería para
nuevas pericias. Los peritos insisten con la implosión
mientras que la
Gendarmería y la Policía hablan
de coche-bomba y explosión.
19-06-96: El juez de la Corte Guillermo López,
defendiéndose de las
críticas, acusa a la inteligencia israelí
por no aportar datos. El juez
Nazareno opina que ³obreros que refaccionaban
la embajada² introdujeron el
explosivo. Meses más tarde Avirán
tilda a la Corte de ³inoperante². Por
semanas continúan las réplicas y
contrarréplicas.
25-09-96: Se crea en el ámbito del Congreso
de la Nación la comisión
Bicameral para el seguimiento de las investigaciones
de los atentados.
30-10-96: La cancillería protesta ante
Avirán porque éste manifestó
que en
la Argentina no hay seguridad.
26-12-96: La Corte rechaza a la Bicameral por
³injerencia².
13-03-97: La Corte presenta un informe de siete
carillas. No hay datos
relevantes. Desde el alto tribunal surge la posibilidad
de que el atentado
³fue hecho por un judío². ³Esto
tiene olor a antisemitismo², señala
Avirán,
un embajador que unos meses más tarde perdería
crédito por su
³menemización². Memoria Activa
pide a la Corte la exclusión del juez
Vázquez, propulsor de la teoría
del extremismo judío.
17-04-97: Vázquez se aparta de la investigación.
6-06-97: El jurista Raúl Zaffaroni, hoy
titular del INADI, estudia
antecedentes para iniciar juicio político
a la Suprema Corte.
21-07-97: Menem le dice a Avirán que habrá
cambios en los investigadores de
la Corte.
12-08-97: la investigación queda en manos
del secretario Esteban Canevari.
06-02-98: La Corte estudia cerrar la causa a cambio
de un pronunciamiento
contra Jizbalá.
07-09-98: La investigación no deja dudas
sobre el coche-bomba y el cráter,
sepultando la absurda teoría de la implosión.
17-09-98: Ahmed Rizawi, disidente iraní,
en losEstados Unidos le dice al
diario israelí Iediot Ajaronot que el atentado
se armó en Irán.
12-12-98: Un informe de la bicameral acusa a la
Corte de no haber
investigado el atentado por ³años².
04-05-99: La Comisión Bicameral encontró
pruebas para demostrar la conexión
policial con el ataque terrorista. Aparece la
hipótesis de un móvil policial
desviado de su recorrido para hacer ³zona
libre² en Arroyo. ³La embajada
estuvo indefensa², dice Melchor Cruchaga,
miembro de la bicameral.
10-05-99: La Corte proclama que la voladura fue
organizada por Jihad
Islámica, brazo de Jizbalá.
20-05-99: La Corte reclama la captura del libanés
Imad Mujníe, seis años más
tarde que la prensa israelí lo denunciara
como uno de los implicados.
7-12-99: La Corte le vuelve a asegurar a Avirán
que la causa no se cerrará.
10-07-2000: Israel protesta por las declaraciones
del secretario de
Agricultura, Antonio Berhongaray, quien justificó
el restablecimiento de las
relaciones comerciales con Irán. Hasta
la fecha no hay más novedades.
Los
Judíos y los Estados Unidos
Los principios ligados a la real politik, como
la Guerra Fría,
los intereses económicos en Medio Oriente
o la alianza estratégica,
no son suficientes a la hora de explicar la amistad
entre los Estados Unidos
desde el principio de su historia y el pueblo
judío todo. La alianza con
Israel es sólo un derivado de esta amistad,
basada en valores más profundos
que la mera política.
Gustavo D. Perednik (desde Israel)
Especial para Comunidades
Una vez más fuimos testigos de cómo
el presidente de la primera potencia
mundial invierte su tiempo y energías en
aras de rescatar los remanentes de
la paz para nuestra región. Es cierto que
los intereses norteamericanos
están más salvaguardados con esa
paz, pero la perseverancia del político
más
poderoso del mundo en ayudar a Israel a conseguir
la paz merece una
reflexión adicional (de paso, es notable
cómo ³ayudar a Israel² significa
trabajar por la paz; los regímenes árabes
no parecen considerarlo una
³ayuda²).
La reflexión es sobre la singular relación
que los Estados Unidos mantienen
con Israel y vale comenzar por su actitud para
con el pueblo judío en su
conjunto.
En retrospectiva, podríamos definir el
récord máximo de la flema inglesa
cuando el diario The London Morning Post, en apenas
seis líneas ubicadas
debajo de un anuncio teatral, informaba sobre
un acontecimiento tan
pequeñito e intrascendente como la declaración
de la independencia de una de
las colonias de la corona, que pasaba a ser a
partir de ese momento los
Estados Unidos de América. Pocos se dieron
cuenta de que ese lacónico
mensaje transformaría para siempre el mundo
entero.
Se cosechaban así los frutos de la siembra
del barco ³Mayflower², que en
1620 había desembarcado en las costas de
Massachusetts portando a los
peregrinos que se escapaban de las persecuciones
religiosas en Inglaterra.
Se autodefinían como ³hijos espirituales
del Antiguo Testamento², leían y
veneraban las Escrituras y trasladaron ese amor
hacia el idioma de la
Biblia, el pueblo de la Biblia, su tierra. Más
que haber cruzado el
Atlántico, consideraban que habían
cruzado el Mar Rojo. No se escapaban del
monarca inglés sino del faraón.
Crearon el primer escudo norteamericano con
la imagen del Exodo de Egipto; la leyenda rezaba:
³la resistencia al tirano
es la obediencia a D-s².
Esos peregrinos fundaron las colonias en Norteamérica
y de este modo
colocaron la piedra angular del mundo libre. De
los muchos que lideraron la
gesta independentista cabe recordar especialmente
a dos, a quienes los
designaron ³Moisés y Aarón²
y quienes se destacaron por su devoción
por los
judíos.
LA
NACION MAS GLORIOSA
John Adams fue el primer vicepresidente de la
nación y su segundo
presidente. Fue colega, amigo y competidor político
de Thomas Jefferson, el
³profeta del sueño americano²,
quien tuvo el honor de redactar la
celebérrima declaración. Cada uno
venció en sendas elecciones en contra del
otro, y siempre por escaso margen. Campeones de
la libertad religiosa y de
la separación de la Iglesia y el Estado,
en la correspondencia que
mantuvieron entre ellos se lee un gran interés
por la filosofía religiosa de
los judíos y una conspicua admiración
por el pueblo de Israel.
Jefferson alentó la ³restauración
a los judíos de sus derechos sociales²;
después de fundar la Universidad de Virginia
intervino para que ésta no
excluyera a los judíos por medio de requerir
un curso de teología cristiana.
El prolífico escritor y activista Mordejai
Noah, antes de asumir la
importancia de la colonización judía
en Eretz Israel, había ayudado en 1825
a adquirir territorios en Buffalo, a fin de transformarlos
en el
asentamiento judío Ararat. John Adams le
había augurado ³para vuestra
nación, los privilegios ciudadanos en cada
país del mundo².
Adams también se había quejado de
la judeofobia de Voltaire, a quien retrucó
con notable sentencia acerca de los judíos:
³Son la nación más gloriosa
que
jamás haya habitado la Tierra, han dado
la religión a tres cuartas partes
del globo y han influido en la historia humana
más y mejor que cualquier
otra nación, antigua o moderna².
Del contraste entre el ³librepensador²
europeo Voltaire y los americanos
surge una vez más que la judeofobia es
en general una enfermedad europea. En
América casi siempre ha resultado una aberración
marginal.
Los dos padres fundadores de los Estados Unidos
encarnan una honrosa
tradición que explicitó el cariño
norteamericano hacia el Pueblo del Libro.
Decenas de aldeas, ríos y comarcas americanas
llevan nombres bíblicos.
Varias universidades portan sus lemas en hebreo,
y en este idioma la
universidad de Harvard daba por inaugurado su
ciclo de clases, año tras año,
hasta 1819.
(Una llamativa y doble coincidencia es que Adams
y Jefferson fallecieron el
mismo día, el 4 de julio de 1826, exactamente
cincuenta años después de que
se declarara la independencia estadounidense,
de la que fueron preclaros
protagonistas.)
EL
ESTADO DE ISRAEL, UN ALIADO
En esa tradición de filosemitismo se basa
la amistad entre Israel y los
Estados Unidos. El resto, las consideraciones
políticas, económicas,
militares o estratégicas, coadyuva para
cimentar la amistad, pero su
fundamento es más profundo. Agreguemos
que de la población actual de trece
millones de judíos, once millones se distribuyen
en mitades entre Israel y
Estados Unidos, donde la cultura judía
se ha desarrollado en una escala sin
precedentes.
Once minutos después de declarada la independencia
de Israel, Harry Truman
se transformó en el primer presidente en
reconocer al nuevo Estado. En
coherencia con los peregrinos, se denominaba a
sí mismo ³un Ciro² (por el
rey Ciro de Persia que en el siglo VI a.E.C. facilitó
el primer retorno de
los judíos a Israel).
Es cierto, la prisa de Truman no se debió
exclusivamente a su entusiasmo. El
reconocimiento inmediato de Israel sirvió
para abortar la intención de la
Secretaría de Estado de su gobierno, entonces
dispuesta a convocar a la ONU
para anular la resolución 181 (la que reconocía
el derecho judío de
establecer un Estado en Palestina). No todo es
rosas en la alianza más
constante de Israel.
La actitud hostil de la Secretaría de Estado
norteamericana persistió,
paralela a la básica amistad de los diversos
presidentes y congresos
estadounidenses. Una excepción a esa frialdad
fue Alexander Haig, quien se
opuso a la moción del secretario de Defensa
(Caspar Weinberger) de cortar
toda ayuda a Israel con motivo del ataque al reactor
nuclear iraquí en
Osirak en 1981. Con encomiable visión,
Haig declaró que ³ya llegará
el
momento de ir de rodillas a Israel para agradecerle
esa acción². La ex
embajadora norteamericana en la ONU, Jeanne Kirkpatrick,
sostenía que la
única garantía de paz y estabilidad
en la región era la fortaleza de Israel.
Nunca las tiranías árabes.
A
PESAR DE LAS ESPINAS
Aun un secretario duro para con Israel, James
Baker, oportunamente removió a
su embajador en la ONU, aparentemente debido a
dos episodios en los que el
delegado no había actuado de manera suficientemente
pro israelí.
Equivocaciones no faltaron en la política
americana en Medio Oriente. Cuando
abandonaron al sha de Persia, cuando asumieron
pasividad frente a la guerra
Irak-Irán, cuando resolvieron no derrocar
a Sadam después de la Guerra del
Golfo y durante una década creyeron en
su caída ³inminente². Peor aún
cuando
en 1956 forzaron a Israel a retirarse del Sinaí
sin garantías. Cuando Jimmy
Carter denominó a las poblaciones israelíes
en Judea y Samaria ³ilegales² y
George Bush las utilizó como tenaza política
para presionar a Israel. Una
especialmente dolorosa: cuando convirtieron a
Jonathan Pollard en el espía
más castigado de la historia americana
(jamás otro norteamericano acusado de
espionaje para un país aliado estuvo más
de cinco años en la cárcel y
Pollard se había limitado a entregar a
Israel datos acerca del armamento
químico de Irak).
Pero a pesar de estas espinas, la línea
fundamental que debe enorgullecernos
es la de la férrea alianza, el patrimonio
diplomático más valioso que tiene
el Estado hebreo.
Las
nuevas relaciones entre Israel y los Estados Unidos
El que Gobierna y el que Manda
En las relaciones entre los dos nuevos gobiernos
hay muchas coincidencias pero Bush (h) ya trazó
las líneas rojas.
¿Las aceptará Sharón?
Natalio Steiner
Co-Director de Comunidades
El 3 de diciembre de 1998 se encontraron en Israel
el entonces ministro de
Relaciones Exteriores, Ariel Sharón, y
el gobernador de Texas, George Bush
(h). Ambos realizaron un vuelo en helicóptero
por los estrechos límites de
Israel. Un paseo típico para introducir
al visitante en las dificultades
territoriales de Israel ante el incesante apetito
palestino. En rueda de
prensa, cuando volvió a los Estados Unidos,
Bush describió así una de sus
impresiones del viaje. ³Algunas de las rutas
que conducen del trabajo al
hogar en Texas son más largas que los quince
kilómetros y medio de ancho que
presenta Israel en su límite más
delgado.² Por si algo no quedaba claro Bush
puntualizó: ³La distancia entre Dallas
y Galveston (ciudades tejanas) es de
270 millas y la distancia entre Israel e Irak
es de 250². Durante la misma
visita que realizó quiso Bush encontrarse
con Iaser Arafat. Dio vueltas y
vueltas pero Arafat no lo recibió. Bush
respeta mucho el honor y el
prestigio y no siempre olvida y perdona. Arafat
puede lamentarlo. Es que por
entonces Bush no era candidato a suceder a Clinton.
Está claro que la
política no se fija por amores u odios
personales sino por intereses
creados. El hecho es que desde que llegó
a la Casa Blanca Bush ha dialogado
telefónicamente con decenas de líderes
(De la Rúa entre ellos). Está claro
que lo hará también con Arafat que
es el líder árabe que más
visitó la Casa
Blanca en los últimos ocho años.
En el mundo árabe el apellido Bush se
asocia con negocios fantásticos: intereses
petroleros, Guerra del Golfo y
Texas son todos sinónimos. Para la óptica
de los republicanos el Medio
Oriente no es sólo el proceso de paz entre
Israel y sus vecinos. Este es
sólo el componente de un marco mayor basado
en los pozos petroleros del
Golfo. Para los Estados Unidos Israel sigue siendo
un aliado estratégico.
Ambos países continúan compartiendo
valores democráticos y desarrollo
tecnológico y defensivo contra los enemigos
en común. Una situación similar
no se da desde 1991 cuando Shamir y Bush padre
coexistieron en el poder con
una situación que luego se endureció
por la intransigencia de Shamir y las
presiones del canciller James Baker.
Bush está bien informado. Todas las mañanas
recibe diez páginas de noticias
internacionales compiladas por la CIA y luego
los especialistas le amplían
el tema. Algunos ya le han dicho que el ³halcón²
Sharon actuó con moderación
en los acuerdos de Wye Plantation en 1998 y sorprendió
a todos tratando de
arribar a un acuerdo en el tema de un puerto palestino
en Gaza. De Sharón le
recuerdan su triste paso por el Líbano
pero también al hombre que ayudó
a
Beguin a devolver el Sinaí a Egipto. Sharón
es recordado como el impulsor de
colonias judías pero desde que fue canciller
de Netaniahu también lo ven
como a un referente. El actual secretario de estado
norteamericano, Colin
Powell, intenta adaptarse y ha pedido tiempo para
ver a Sharón y su equipo
gobernar. Powell ya hizo una gira por la región
visitando Israel y países
árabes moderados. Ahora se espera la visita
de Sharón a los Estados Unidos.
Allí el líder israelí va
a delinear su plan para avanzar hacia un acuerdo
con los palestinos. Se puede prever que el gobierno
de Bush no arrastrará a
las partes más de lo que éstas están
dispuestas a acercarse. La
administración Bush piensa que Clinton
arrastró a israelíes y palestinos
más
de lo que las poblaciones palestinas e israelíes
querían y que eso precipitó
la violencia en la región. Bush quiere
pacificar la zona con dinero y ya ha
expresado que el Congreso norteamericano -con
mayoría republicana- debería
aprobar el traslado de su embajada a Jerusalem.
Reporteado por el diario
israelí Maariv, Colin Powell dijo: ³Vamos
a ser un mediador justo. Siempre
vamos a estar obligados por la seguridad de Israel
pero también veremos como
podemos conseguir los derechos que los palestinos
demandan².
Bush, a diferencia de Clinton, cree igual que
Sharón que hay que lograr el
cese de la violencia para volver a la mesa de
diálogo. Cuando ello suceda y
los palestinos vean que su economía vuelve
a funcionar verán que de nada
sirve matarse con los otros y allí habrá
un avance hacia la paz. Los
republicanos no adhieren al espíritu de
Oslo de Clinton. Tres ex cancilleres
republicanos criticaron el acuerdo de Oslo. George
Schultz no cree que
Arafat quiera la paz. Henry Kissinger piensa en
acuerdos intermedios de
largo plazo (igual que Sharón) y Lawrence
Egelberger piensa que las ideas de
Clinton imponían renuncias por encima de
lo que los israelíes pueden pagar.
En verdad Bush no tiene muy en claro cómo
reflotar el proceso de paz pero la
administración norteamericana es pragmática
y no aceptará dislates de
Sharón. Su línea roja es clara:
no a la construcción de asentamientos,
no a
boicotear los acuerdos interinos firmados y no
a hacer entrar al ejército a
zonas controladas por los palestinos. Estas serán
las líneas rojas. Bush en
definitiva intentará poner a Sharón
bajo el paraguas norteamericano, una
iniciativa difícil de aceptar por el obeso
líder israelí.
A
casi seis meses de la Intifada II
³Los Palestinos Quieren Arrastrarnos a una
Guerra Regional²
Lo dice el brigadier general Moshé Iaalón.
³Arafat aún controla a sus
fuerzas pero o las cosas se le van de la mano o
las deja ir². Reportaje.Oded
Granot (Maariv)
Especial para Comunidades
Brigadier, en Israel se registra una escalada terrorista
con ataques cada
vez más graves. ¿Adónde esto
conduce?
Es una escalada intencional, dirigida, ya insinuada
por los líderes de los
Tanzim. Los palestinos han aumentado sus acciones
como respuesta a los
resultados electorales en Israel. La incitación
a la violencia también toma
la forma de acusaciones falsas contra Israel como
el uso de balas de uranio
o gas nervioso. Cuando uno ve la incitación
en la televisión palestina no se
puede sorprender si algún día alguien
sube a un ómnibus y lo estrella contra
una parada.
En función de las precisiones de Tzáhal
acerca de que la Autoridad Nacional
Palestina estimula el terror contra Israel, ¿Arafat
debería ser visto como
un terrorista o como un líder que busca la
paz?
La decisión de cómo vincularse con
Arafat es política. Yo creo que hay que
vincularse a los palestinos mirando hacia atrás,
hacia Oslo ¹93. Muy a mi
pesar, como alguien que desde la seguridad sigue
el tema de cerca, puedo
atestiguar que en los últimos siete años
no vi ningún indicio de
apaciguamiento de la Autoridad Nacional Palestina.
No vi que se preparen
para la convivencia sino para lo contrario. Vi incitación
y una manipulación
psicológica de la población para la
guerra y para quebrar los acuerdos
firmados.
¿El conflicto palestino-israelí se
encamina hacia una opción militar?
Las soluciones hay que buscarlas en lo táctico
y político. Cuando se quiere
que los palestinos entren a trabajar a Israel para
mantenerse no se puede
asegurar que un conductor de autobús o un
particular decida hacer alguna
locura. No hay posibilidad de cerrar herméticamente
un país. Las respuestas
también deben ser estratégicas. Lo
importante es definir qué tipo de
problema enfrentamos y no estoy seguro de que el
pueblo de Israel entienda
esto. Yo creo que enfrentamos desafíos de
dimensiones tales como no tuvimos
desde la guerra de la Independencia. Yo sostengo
desde hace tiempo que si
bien a los palestinos se los ve como débiles,
pueden crear desafíos que
amenacen la existencia de Israel. Su fuerza no hay
que medirla sólo por la
cantidad de fusiles que tienen o por el hecho que
Israel es una potencia
militar. Ellos apuntan en su estrategia al involucramiento
del mundo árabe.
Ellos pueden tener los fósforos que encienden
la región y también tienen
legitimidad internacional, ya que el mundo nos ve
como conquistadores y a
ellos, como sometidos.
¿Qué respuestas estratégicas
considera?
Si llegamos a conclusiones duras, habría
que tomar caminos difíciles.
¿Por ejemplo, como lo proponía Barak,
una separación absoluta de los
palestinos?
No quiero entrar en discusiones internas. Primero
debemos consensuar en qué
etapa estamos y con esa base crear una legitimidad
interna para enfrentar lo
que viene.
¿Eso incluye que Israel vuelva a ocupar territorios
que entregó a los
palestinos?
Si no hay alternativa, también debería
preverse. Lo mismo sucede con
disparar sobre los líderes que organizan
atentados. Preferiríamos que los
palestinos los entregaran ya que están bajo
su órbita pero cuando vemos que
no se actúa contra el terror no nos queda
otra que golpearlos nosotros. Por
otro lado, los israelíes no hemos hecho lo
suficiente para explicar al mundo
lo que aquí pasa y los palestinos lograron
vender al mundo la imagen de que
son pobres conquistados y a la vez se desentienden
de que Oslo les otorgó un
status político nacional e internacional
que los compromete con los
acuerdos.
Hay discusiones acerca de si Arafat dirige todo
o está siendo arrastrado por
los hechos. ¿Qué opina?
Creo que Arafat aún controla la situación.
El encendió el fuego y él debe
apagarlo. El no domina la altura de las llamas.
Su control no es total y en
la Autoridad Nacional Palestina están surgiendo
liderazgos disgregados.
¿Imagina que Israel deberá entonces
enfrentar no sólo a la Autoridad
Nacional Palestina sino a grupos extremistas atomizados?
Esto puede suceder. Eso se ve con los Tanzim en
apariencia bajo control de
Arafat. Arafat creó esta ³pantera²
para casos de guerra. Aún puede
encerrarla en su jaula pero en la medida que pasa
el tiempo la pantera crece
y comienza a manejar sus tiempos y su voluntad.
Yo que Arafat me
preocuparía. En el caos los demonios salen
de la botella. Alguien de su
entorno podría matar a Arafat para tomar
la conducción.
¿A Arafat le preocupa?
En su entorno el tema preocupa.
¿Cree que en seis meses de Intifada el poder
disuasivo de Israel quedó
dañado?
No hay dudas de que los árabes ven a Tzáhal
como un ejército fuerte. Por eso
es que desde 1973 han evitado guerras convencionales
contra Israel. Por el
contrario, desde la primera salida del Líbano
en 1985 ellos consideran que
el objetivo es atacar la retaguardia israelí:
la población civil. Para eso
se preparan. Ahí perciben nuestra debilidad.
Es por eso que el
enfrentamiento actual es tan importante. Si no logramos
vencer se generarán
proyecciones estratégicas que alentarían
acciones del mundo árabe contra
Israel. El problema no es el ejército israelí
sino la fortaleza y
resistencia de su sociedad.
¿El mundo árabe ha cambiado la consideración
hacia Arafat?
A los jordanos y a los egipcios no les gusta que
Arafat juegue con fuego ya
que la extensión de la violencia altera la
tranquilidad de sus regímenes.
Estos países quieren estabilidad pero públicamente
condenan a Israel. A
ellos les interesa un acuerdo que limite a Israel
ya que ello implica el
fortalecimiento de su hegemonía.
¿Las coaliciones regionales entre Siria-Irak
y Siria-Irán le preocupan?
No percibo un eje coalicionario contra nosotros.
Esas coaliciones se mueven
pero no sólo por la escalada entre Israel
y los palestinos. Los sirios no
buscan un choque directo sino recalentar la situación
para mantener latente
el conflicto.
¿Hay más posibilidades ahora de guerra
que antes de la Intifada II?
No. Sólo aumentó en algo luego del
estallido. Eso no significa guerra. No
vemos intenciones ni preparativos para ello por
parte de los vecinos. De
todas maneras parece ser intención de los
palestinos llegar a una guerra
regional.
¿De la que participen también países
que hicieron la paz como Jordania y
Egipto?
No creo. Sí creo que un agravamiento con
los palestinos puede generar
choques con Jizbalá en el Líbano.
Ya hubo indicios de asociación entre los
grupos. A lo sumo es probable que Irak intervenga
en forma limitada.
¿Están los palestinos haciendo esfuerzos
para internacionalizar el
conflicto?
Ellos inventan todo tipo de mentiras para deslegitimar
a Israel como eso del
uranio enriquecido o los gases venenosos. Dicen
a la prensa internacional
que esperan que los israelíes saquen sus
tanques de sus ciudades, cuando no
hay tanques en esas ciudades. En Davos y ante Shimón
Peres, Arafat también
deslegitimó a Israel. Estarían contentos
con repetir lo que sucedió en el
Líbano con nuestra retirada unilateral pero
saben que aquí será distinto y
por eso buscan el involucramiento internacional.
Buscaron comparar a Israel
con la Serbia de Milosevic en Kosovo pero no lo
lograron.
Desde un punto de vista militar, en un acuerdo con
los palestinos, ¿hay
lugar para la evacuación de colonias aisladas?
Sí, pero tomar una decisión así
le corresponde a los políticos.
Los
hipócritas que empujaron a Israel a asumir
el ³riesgo de la paz² le
atan las manos ante la violencia
La Guerra Justa de Israel
Lic. Julián Schvindlerman
(desde Israel)
The Miami Herald/Comunidades
El terrorismo palestino ha tradicionalmente llevado
a Israel a adoptar
medidas que han variado en fuerza, riesgo y controversia.
Al mezclar
tácticamente a terroristas con población
civil, las organizaciones
terroristas palestinas han reiteradamente puesto
a Israel en una posición
delicada debiendo arriesgar vida civil al atacar
a los propios terroristas.
Esta clásica táctica palestina fue
común durante la guerra del Líbano
y ha
sido bastante típica durante la actual intifada
al-Aksa. Pero haya Israel
respondido indiscriminadamente, como en el incidente
de Kfar Kana en 1996, o
ejercitando discriminación, como en su actual
política de liquidaciones, la
comunidad internacional ha consistentemente estallado
en un grito de condena
masiva.
Especialmente notables en este sentido son las varias
organizaciones de
derechos humanos, las que argumentan que al asesinar
a terroristas
deliberadamente Israel está violando uno
de los más básicos derechos
humanos: el derecho a la vida. Dado que este derecho
está amparado en varios
documentos internacionales importantes, entre ellos
la Declaración Universal
de los Derechos Humanos, Israel es consecuentemente
presentado como un
violador de la ley internacional. Esto, obviamente,
es absurdo puesto que
semejante norma internacional fundamental comprende
también el derecho de la
ciudadanía israelí a vivir libre de
la amenaza de la muerte.
Inevitablemente, el derecho a la autodefensa requiere
responder contra otros
seres humanos. Israel siempre ha debido transitar
por una cuerda floja al
lidiar con el terrorismo palestino, balanceando
el imperativo de luchar
efectivamente contra el terror con los dictados
de la ley y la moral. Pero
este mismo dilema ha preocupado a la humanidad por
siglos. Basándose en
conceptos romanos de la guerra y en valores de tempranos
moralistas
cristianos, Santo Tomás de Aquino reafirmó
una doctrina en el siglo XIII que
hoy recibe el nombre de Doctrina Moderna de la Guerra
Justa.
Esencialmente, la misma delínea el marco
para la evaluación de la
permisibilidad moral de la guerra, y luego demarca
el perímetro ético para
la conducción de la misma. Asumiendo que
ninguna persona en su sano juicio
se atrevería a cuestionar la necesidad israelí
de defenderse de la agresión
palestina (los miles de incidentes terroristas durante
los últimos cinco
meses prueban el punto claramente), centrémonos
en la segunda parte de esta
doctrina.
Tal como explicó el profesor de la Universidad
de Georgetown William
O¹Brien, la conducción de la guerra
según esta doctrina contiene dos
elementos centrales: proporción y discriminación.
Así, una acción militar debe ser proporcional
en el marco de los objetivos
estratégicos y políticos perseguidos.
Asumiendo que el primordial objetivo
israelí en este sentido es aplastar el terror
y motivar a los palestinos a
que retornen a la mesa de negociación, entonces
el atacar a líderes
específicos de células terroristas
resulta apropiado. El ejército israelí
ha
sido altamente medido en sus respuestas. De no haber
sido el caso, hoy
Ramala no sería más que una pila de
escombros.
El segundo elemento, discriminación, es especialmente
tenido en cuenta en la
política de asesinatos israelí. Considerando
las opciones alternativas,
todas ellas de naturaleza colectiva -bombardear
centros poblacionales o
imponer cierres de frontera totales-, esta política
debiera ser aplaudida
por su selectividad y precisión.
El asesinato en sí mismo no siempre es un
crimen; depende del contexto,
especialmente cuando éste es es retributivo.
El castigo es un principio
sagrado de la ley internacional. Tal como el profesor
de la Universidad de
Purdue Louis Rene Beres destacó, ³nullum
crimen sine poena² (³ningún crimen
sin castigo²) asume especial validez cuando
el crimen en cuestión es tan
abominable como el caso del terrorismo. Tal como
Beres nos recuerda, cuando
el Tribunal de Nüremberg fue establecido en
1945, afirmó que ³más que ser
injusto el castigar (a un ofensor) sería
injusto que sus inconductas
quedaran sin castigo².
Bajo los estándares de la ley internacional,
los terroristas son conocidos
como ³hostes humanis generis², enemigos
comunes de la humanidad. Defender el
derecho a la vida de este tipo de criminal cuando
él mismo está abocado a
negarles a otros la posibilidad de ejercitar ese
mismo derecho resulta un
tanto incongruente. De hecho, es obsceno.
Con destacada hipocresía, los mismos miembros
ilustrados de la comunidad
internacional que instaron a Israel a asumir ³riesgos
por la paz² y a
encaminarse a lo largo del peligroso sendero de
Oslo -cuyo destino final fue
la guerra- ahora condenan a Israel por defenderse
de la violencia palestina,
la que están siempre tan dispuestos a justificar.
Esto, y no la legítima
política de liquidación israelí,
es la verdadera inmoralidad.
Un
libro de obligatoria lectura
Lic. Eduardo A. Chernizki
De la Redacción de Comunidades
Para
un periodista que indaga, como parte de su trabajo,
sobre el origen y
los responsables de un hecho criminal, enterarse
que la justicia -en lugar
de intentar descubrir quiénes lo hicieron-
lo considera a él y a su equipo
de colaboradores pasibles de ser investigados por
dicho delito, es un drama
kafkiano muy difícil de superar, similar
al hecho que se deba custodiar
durante la s 24 horas del día la tumba de
la madre de un ministro del
Interior (del que depende la Policía Federal)
para evitar que pueda ser
profanada.
Aparentemente Raúl Kollmann, el periodista
en cuestión, pudo superar este
drama y a partir del mismo dedicarse a investigar
un tema sobre el que muy
poco se conoce: los neonazis argentinos.
Su libro Sombras de Hitler. La vida secreta de las
bandas neonazis
argentinas, editado por Editorial Sudamericana,
es uno de los numerosos
textos que integran lo que se conoce como ³periodismo
de investigación²
publicados en el país, que se destaca por
su temática, por demás interesante
para la comunidad judía, y por sus peocupantes
conclusiones, que lo
convierten en lectura obligada para la dirigencia,
los activistas y todos
aquellos que se interesan por el futuro de nuestra
comunidad.
EL
CONTENIDO
A
lo largo de casi 250 páginas, Raúl
Kollmann y los miembros del equipo
investigación que colaboró con él
describen -en algunos casos con lujo de
detalles- la actividad de los principales grupos
neonazis que existen en
Buenos Aires y sus alrededores.
Explican quiénes son sus integrantes y los
ritos de iniciación que deben
cumplimentar; su jerárquica organización
interna, en la cual el poder de sus
líderes no se discute; cuáles son
los métodos por los cuales consideran que
han de llegar al poder; qué harán
cuando accedan al gobierno; los lazos que
los intercomunican con sectores de las fuerzas de
seguridad y la justicia;
sus medios de prensa y la utilización de
Internet para difundir sus ideas y
captar adherentes; su labor para lograr que la Justicia
Electoral los
reconozca como partido político, detallando
cómo consiguen las adhesiones
necesarias sin que los firmantes sepan que se están
afiliando; cómo se
financian; su relación con organizaciones
similares del resto del mundo; sus
historias en épocas pasadas y sus contactos
con miembros de la ³P2²
italianos y argentinos; su participación
en las ³barras bravas² futboleras;
los recitales de rock clandestinos, en los cuales
las letras de las
canciones son de neto corte antisemita; su participación
en las
profanaciones de los cementerios judíos.
Incluye un glosario, un muy
completo apéndice en el cual no sólo
se aclaran los vocablos específicos del
metalenguaje utilizado por los neonazis argentinos,
sino que además contiene
una reseña biográfica de los principales
dirigentes.
De acuerdo a lo que se explica en el texto, los
investigadores pudieron
infiltrarse o lograr la confianza de neonazis vernáculos
-convencidos,
arrepentidos, desilusionados- quienes les contaron
muchas de las cosas que
hacen, las internas que los dividen y la manera
en que se eyecta a los que
discuten las decisiones del líder máximo.
El libro explica, en uno de sus capítulos,
cómo el Partido Nuevo Orden
Social Patriótico (PNOSP) -que lidera Alejandro
Franze- pudo presentar más
de 3.000 firmas de afiliados la Justicia Electoral.
Al realizar una compulsa
entre cien personas que fueron presentadas como
afiliadas al juzgado federal
con competencia electoral de la Capital Federal,
ninguno dijo haberse
afiliado al PNOSP; la gran mayoría desconocía
que ese partido político
existía y sólo recordaba haber adherido
a campañas callejeras que -entre
otros temas- estaban a favor del aumento a los jubilados
o del pago a los
docentes, o en contra de la prostitución
callejera.
De acuerdo a lo publicado el 12 de febrero en el
matutino Página/12 (pág. 8)
el Centro Simón Wiesenthal denunciaría
al PNOSP a la fiscalía y al juzgado
federal con competencia electoral de la Capital
Federal por conseguir sus
afiliaciones en forma fraudulenta, basándose
en la investigación realizada
por Kollmann -que incluye los nombres de las personas
consultadas- que sería
presentada como prueba.
PROFANACION
DE LOS CEMENTERIOS JUDIOS
Si bien en Sombras de Hitler a este tema se le dedica
tan sólo parte de la
introducción y uno de sus capítulos,
por la implicancia que tiene para
nuestra comunidad el mismo merece ser especialmente
considerado.
Raúl Kollmann y su grupo de investigadores
lograron que un ex miembro del
PNOSP reconociera que miembros del partido habían
participado en una de las
profanaciones que sufrió el Cementerio Israelita
de La Tablada, la de
octubre de 1996, la única en la que además
de los destrozos hubo
inscripciones antisemitas. A partir de sus relatos
pudieron ubicar a quien
participó, y éste les explicó
cómo conectó a dos jóvenes
que no tenían
trabajo fijo con los que les pagarían el
³trabajo² y dónde se realizó
el
³arreglo², una casa particular de Ituzaingó.
Explica los avatares de la investigación
judicial; cómo oficiales de la
policía bonaerense estaban relacionados con
el tema; que si bien se detuvo a
un nazi conocido de la zona, no se le pudo probar
nada excepto la difusión
de material antisemita; y que a los dos jóvenes
que hicieron el ³trabajo² la
justicia los liberó pues consideró
que fueron engañados por quienes los
contrataron. A estos últimos