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En
el momento central de la ceremonia del casamiento,
el novio coloca un anillo de valor en el dedo
de la novia y recita la bendición "...por este
anillo me eres consagrada como esposa según
la ley de Moisés y la tradición de Israel..."
. Según testimonios históricos, esta costumbre
data del siglo VII. En la misma ceremonia se
consagra el compromiso ("tnaim") si no se lo
hubiera realizado antes y después se realiza
la "jatuna" o casamiento propiamente dicho.
En la ceremonia de kidushim se recitan las siete
bendiciones especiales para este acto. Al final
de la ceremonia se rompe una copa de vidrio
para cumplir con el juramento de generaciones,
según salmos CXXXVII, donde se promete "...elevaré
a Jerusalén a la cabeza de mi alegría...". O
sea que en un momento tan sagrado y significativo
de la vida de cada judío se recuerda a Jerusalén,
que resume en sí toda la añoranza por Sión.
Cumplido este rito se exclama "Mazal Tov" ("Buena
Suerte") y se saluda a los novios y a los familiares.
Existen distintas costumbres, según los lugares
de origen de las familias. Pero muchas tradiciones
y lo esencial de un casamiento judío perdura
en el tiempo. Cuando los profetas de Israel
querían dar consuelo y esperanza a su pueblo,
recurrían a la hermosa metáfora de las bodas
judías, diciendo que en las calles de Jerusalén
volverían a verse novios y novias salir de sus
jupot, cantando y regocijándose. Como vemos,
esta profecía se ha cumplido. Hoy, en Jerusalén
se pueden escuchar los acordes de canciones
festejando la alegría de novias y novios que
se casan en los distintos y hermosos salones,
templos y hasta en el Kotel o Muro Occidental
del Templo de Jerusalén, testigo de miles de
años de historia judía. Avatares de días aciagos
y regocijo de días de retorno a Sión.
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