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En
el judaísmo existió siempre la idea de muerte,
de que el hombre no es inmortal ("... de la
tierra vienes y a la tierra retornarás...").
De aquí que a los muertos se los entierra en
cementerios judíos. Está prohibida la cremación
o la incineración de los restos mortales. Existen
leyes y costumbres que tienen que ver con la
observancia del duelo. La tristeza y dolor por
la muerte de un ser querido, padre o madre,
esposa o esposo, hijo o hija, hermano o hermana,
tíos, abuelos, es expresada en oraciones y costumbres
especiales que se guardan en época de duelo.
También existe el duelo colectivo por la muerte
de una personalidad reconocida y querida, en
el que todo el pueblo manifiesta su dolor. Recordemos
como ejemplo cercano la muerte del primer ministro
israelí, Yitzhak Rabin Z"L (zijronó librajá/de
bendita memoria) en noviembre de 1995 y las
muestras de pesar colectivas que se vivieron
en esos días en Israel especialmente y en todo
el mundo judío. De otros días de duelo colectivo
como el 9 de AB, día de la destrucción del Primer
y el Segundo Templo de Jerusalén, nos ocuparemos
especialmente cuando hablemos del calendario
hebreo de las festividades y días de duelo colectivo
y recordación. La costumbre de guardar duelo
por familiares directos y cercanos nos remonta
a tiempos de los patriarcas. Génesis XXIV nos
relata cómo Abraham se levantó de su duelo al
morir su esposa Sara y fue a ocuparse de conseguir
un lugar donde enterrarla. Fue a ver a Efrón
Tzohar Hajiti para que le vendiera una "Meará"
(cueva que será luego el panteón de los patriarcas
en la ciudad de Hevrón). Tenemos en el texto
bíblico un relato minucioso de cómo el patriarca
Abraham se ocupó de todo lo concerniente al
funeral de su esposa y cuánto pagó por esa Meará.
Así, el primer patriarca del pueblo judío señaló
a sus descendientes las sendas y caminos por
los cuales debían transitar cuando llegara el
momento de la muerte de un familiar directo.
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