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La
ley judía establece la "tahará", purificación
del cuerpo a través de ser lavado antes de ser
enterrado. Se viste a todos los muertos con
blancas mortajas llamadas "Tajrijim". Muchos
se preocupan en vida por conseguir un poco de
tierra de Israel para que, en caso de morir
en la diáspora, ésta sea colocada debajo de
su cabeza en la tumba o sobre los ojos. Hay
distintas versiones sobre "el otro mundo" o
la resurrección de los muertos. El profeta Ezequiel
(cap. XXXVII o XXXVIII), habla sobre una visión
que tuvo en un valle, en la que Dios ordenaba
a los muertos que se levantaran y estos lo hacían.
Lo importante de todas las leyes y costumbres
judías es el respeto al duelo y la permanente
recordación. Lo que se recuerda en estos casos
son las obras de bien que el difunto realizó
en su vida y por las cuales estará presente
siempre en la memoria de los que lo amaron en
vida, ingresando así espiritualmente a la eternidad.
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